15 diciembre 2008

Crisis global interrumpe un lustro de logros en América Latina – Alicia Bárcena – Secretaria Ejecutiva – CEPAL | La Nación

La Nación, 14/12/2008

Es probable que el empleo deje de expandirse en 2009, y que las remuneraciones reales se mantengan, en promedio, sin variaciones, o disminuyan levemente. Es de esperar un deterioro del ingreso de los hogares que castigará especialmente a trabajadores por cuenta propia y a los asalariados informales, cuyos empleos son más sensibles al ciclo económico.

Con la actual crisis global se interrumpe un período de 5 años consecutivos de notable ritmo de crecimiento económico que benefició a los países latinoamericanos, en un contexto en que también disminuyó considerablemente la pobreza e indigencia y aumentó la tasa de ocupación y las remuneraciones.

En 2007 continuó la tendencia a la reducción de la pobreza y la indigencia que venía registrándose desde 2002. En el 2002 se estimó un total de 221 millones de pobres (44%) y 97 millones de indigentes (19,4%).

Las disminuciones fueron 37 millones (9,9 puntos porcentuales) y 29 millones (6,8 puntos porcentuales) respectivamente. Para el 2008 se proyecta en América Latina una pobreza de 33,2% e indigencia de 12,9% es decir 182 millones de personas viven hoy en la pobreza y 71 en la indigencia.

Entre 2007 y 2008 la pobreza extrema o indigencia no se redujo y más bien aumentó moderadamente, pasando de un 12,6% en 2007 (68 millones de personas) a un proyectado 12,9% el presente año (71 millones). Esto implica tres millones más de indigentes en la región en el último año.

Las cifras las conocemos gracias a nuestro informe anual Panorama Social de América Latina 2008.

La menor disminución de la pobreza y el ligero incremento de la indigencia en 2008 tienen fuerte relación con el aumento de la inflación ocurrido desde principios de 2007 y, en especial, el alza en los precios de los alimentos.

La reciente desaceleración en la inflación de alimentos puede constituir un bono que contrapese los efectos negativos que la crisis financiera global pueda tener sobre la pobreza e indigencia en 2009.

Hemos previsto que la desaceleración económica mundial se reflejará en la región en una menor demanda de los bienes de exportación y en menor inversión en el sector productivo, unido a una disminución de las remesas de los emigrantes y a las restricciones de acceso a crédito que sufrirán los países emergentes en los mercados financieros internacionales.

Es probable que el empleo deje de expandirse en 2009, y que las remuneraciones reales se mantengan, en promedio, sin variaciones, o disminuyan levemente. E

s de esperar un deterioro del ingreso de los hogares que castigará especialmente a trabajadores por cuenta propia y a los asalariados informales, cuyos empleos son más sensibles al ciclo económico.

El informe recalca claramente que si bien los promedios regionales nos muestran un rostro territorial también es cierto que éstos esconden, sin embargo, fuertes contrastes entre naciones.

Se verán más afectados aquellos países donde las remesas desempeñan un rol más importante en los hogares de las familias, con una estructura productiva menos diversificada y más dependientes en sus exportaciones del mercado norteamericano.

Entre los factores que inciden en la reducción de la pobreza destacan la alta y persistente desigualdad en la distribución del ingreso, como también la gran incidencia de informalidad en el mercado laboral.

Cabe destacar que, como promedio regional latinoamericano, el ingreso medio por persona de los hogares ubicados en el décimo decil supera en alrededor de 17 veces al del 40% de hogares más pobres.

La mayor parte de los avances del período 2002-2007 provinieron de un incremento en los ingresos medios de los hogares más pobres, principalmente las rentas del trabajo, así como de una leve mejora en la distribución del ingreso, y un dinamismo económico que permitió aumentar el empleo, sobre todo en el sector formal.

Aun así, el desempleo sigue siendo elevado, y en el 2006 superaba en 2,4 puntos porcentuales el nivel de 1990. Si bien desde 2002 las tasas de desocupación bajaron en la gran mayoría de las áreas urbanas, persisten fuertes inequidades, expresadas en tasas de desempleo más altas entre los pobres, las mujeres y los jóvenes.

En otro aspecto, el informe aborda las oportunidades del bono demográfico que beneficia a todos los países de América Latina. Este bono, que refleja una proporción más favorable entre la población en edad productiva en relación a la población en edad dependiente (niños y personas mayores), podría aprovecharse para invertir con mejores impactos en la educación secundaria.

Se espera que continúe reduciéndose la demanda por educación primaria, dado el descenso de la población infantil; y luego bajará la demanda por educación secundaria, por descenso de la población adolescente. Esta situación ofrece a los gobiernos la oportunidad para que se planteen metas para aumentar los niveles de cobertura y la calidad del ciclo educativo secundario.

Finalmente, en el documento se analiza el tema de la violencia juvenil y familiar en América Latina. Tal violencia se nutre de diversas formas de exclusión social y simbólica en la juventud, como la desigualdad de oportunidades, la falta de acceso al empleo, la desafiliación institucional, las brechas entre consumo simbólico y consumo material, la segregación territorial y la ausencia de espacios públicos de participación social y política.

A ello se agregan la violencia de pandillas y el reclutamiento juvenil en redes de crimen organizado y en conflictos armados.

A manera de corolario, debo admitir que la pobreza en América Latina no es un fenómeno nuevo pero en el Panorama Social del 2008 reconocemos que tiene un nuevo perfil, caracterizado por el vínculo tan estrecho entre pobreza y mercado laboral, cada vez menos regulado por el Estado y más dominado por el mercado que se agrava por la enorme prioridad que se le ha dado a las actividades asociadas a la exportación.

Reconocemos también que si bien el poder adquisitivo de las personas basado en su nivel de ingresos se relaciona con los grados de acceso o satisfacción de sus necesidades básicas, eso no invalida el estudio de la evolución de otros factores que son altamente significativos para el bienestar social.

Me refiero concretamente a los Objetivos de Desarrollo del Milenio que abordan además de la pobreza y el empleo temas tan relevantes como la educación básica, la alimentación particularmente la infantil, la salud, la equidad de género, la sostenibilidad ambiental, entre otros, pero que sobre todo reconocen la importancia de la solidaridad intergeneracional.

Dado que América Latina, en relación a otras regiones en desarrollo, presenta una situación relativamente favorable sobre todo en el último lustro, es el momento de reformular las metas sociales a la luz de la crisis para superar uno de los problemas principales que mantiene la región: la desigualdad.

Creo que debemos retomar las lecciones aprendidas de crisis anteriores para recolocar el tema del desarrollo con una mirada integral, desde la óptica de la región y con una visión de mediano plazo.

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