ELTIEMPO.COM, por Joseph E. Stiglitz, 02/01/2011.-
Cómo logrará Asia, motor de crecimiento del futuro, remover mercados estancados en EE. UU. y Europa.
La economía global termina el 2010 más dividida que a comienzos del año. Por un lado, los países de mercados emergentes como India, China y las economías del sudeste asiático están experimentando un crecimiento robusto. Por otro lado, Europa y Estados Unidos enfrentan un estancamiento -de hecho, un malestar al estilo japonés- y un desempleo muy alto. El problema en los países avanzados no es una recuperación sin empleo, sino una recuperación anémica -o peor, la posibilidad de una recesión de doble caída.
Este mundo de dos pistas plantea algunos riesgos inusuales. Mientras que la producción económica de Asia es demasiado pequeña para impulsar el crecimiento en el resto del mundo, puede bastar para hacer subir los precios de las materias primas.
Los retos del primer mundo
Mientras tanto, los esfuerzos de parte de Estados Unidos por estimular su economía a través de la política de 'alivio cuantitativo' pueden fracasar. Después de todo, en los mercados financieros globalizados, el dinero busca las mejores perspectivas en todo el mundo, y estas perspectivas están en Asia, no en Estados Unidos. De manera que el dinero no irá adonde se lo necesita, y gran parte de ese dinero terminará donde no se lo quiere -causando mayores incrementos en los precios de los activos y las materias primas, especialmente en los mercados emergentes.
Dados los altos niveles de capacidad ociosa y desempleo en Europa y Estados Unidos, es poco probable que el alivio cuantitativo genere un brote de inflación. Podría, en cambio, aumentar las ansiedades sobre la futura inflación, derivando en tasas de interés más altas a largo plazo -precisamente lo contrario del objetivo de la Fed.
Este no es el único riesgo de impacto negativo, ni siquiera el más importante, que enfrenta la economía global. La mayor amenaza surge de la ola de austeridad que arrasa al mundo, mientras los gobiernos, particularmente en Europa, confrontan los grandes déficits generados por la Gran Recesión, y mientras la ansiedad sobre la capacidad de algunos países para cumplir con sus pagos de deuda contribuye a la inestabilidad de los mercados financieros.
El resultado de una consolidación fiscal prematura está casi anunciado: el crecimiento se desacelerará, los ingresos impositivos disminuirán y la reducción de los déficits será decepcionante. Y, en nuestro mundo globalmente integrado, la desaceleración en Europa exacerbará la desaceleración en Estados Unidos, y viceversa.