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22 marzo 2010

Ricardo Lagos – Carta abierta - La tarea de Chile hoy: reconstruir y avanzar – La Tercera

La Tercera, Domingo 21/03/2010

En Chile los terremotos están en nuestro ADN; cada generación vive al menos uno que marca su historia. Y siempre nos convocan a buscar soluciones inscritas en un itinerario, donde el desarrollo nacional no debe dejarse de lado. Ahora debemos responder al terremoto del Bicentenario.

Las autoridades tienen razón cuando señalan que es momento de unidad nacional y, como siempre, se debe reflejar en torno a un conjunto de metas y valores comunes. No sólo es para reconstruir, es también para avanzar hacia el país que todos queremos.
Uno no puede dejar de pensar en Pedro Aguirre Cerda y el sismo que destruyó Chillán y otras ciudades. Entonces, como ahora, supimos de la solidaridad nacional e internacional. Pero también se dio un gran salto con la Corporación de Reconstrucción y Auxilio y, con visión de largo plazo, creó la Corporación de Fomento de la Producción. Por su parte, Jorge Alessandri enfrentó el terremoto de 1960, galvanizó la voluntad nacional y dejó como herencia regulaciones antisísmicas que se proyectan hasta hoy. 
Pero Alessandri también fue cuidadoso en sus políticas: creó franquicias tributarias para los propietarios de viviendas que cumplían ciertas especificaciones, como el DFL N° 2. El mandatario decidió, además, que la tarea de reconstruir no debe impedir proyectos de futuro. Por ello, aunque no era aficionado al fútbol, cumplió con realizar el Mundial de 1962. De esta forma mostró al mundo no sólo un país capaz de levantarse, sino también cuidó la imagen y prestigio de Chile. 
De eso se trata lo que debemos hacer ahora. Una cosa es la reconstrucción y otra la mirada estratégica de país. Durante la campaña presidencial, todos subrayaron la necesidad de mejorar la distribución del ingreso. Es cierto que esta distribución mejora con la acción eficaz del gasto público, pero tenemos que hacer un esfuerzo adicional por distribuir mejor. Entonces, cuando discutimos sistemas tributarios nuevos para financiar la reconstrucción, podemos poner esta meta en la discusión tributaria.
Hay que pensar muy bien cómo se financiará la tarea que viene. En 1985, como expuso el ministro de Hacienda de la época, gracias al terremoto pudo realizar cambios profundos que él quería para el país: continuó con la privatización de las empresas públicas y, de paso, otorgó facilidades tributarias muy generosas para los industriales de la construcción. Y a los gobiernos que se iniciaron en 1990 les costó mucho revertir esta última situación.
Si hoy ponemos la mirada en cómo reconstruir, sabemos que necesitamos cemento, acero, vidrio, madera, clavos, todo lo cual se produce en Chile y para lo que se requieren pesos. Hoy el país se puede dar el lujo de colocar bonos del Estado de Chile en pesos y no me cabe duda que serán bien recibidos por el mercado, gracias al manejo fiscal prudente y responsable de los últimos años.
Chile prácticamente no tiene deudas del sector público. ¿Afectará que podamos endeudarnos en un 10% del Producto Geográfico Bruto? Esta cifra en el mundo de hoy es muy, muy pequeña. Alemania, por ejemplo, tiene una deuda pública del orden del 70% del producto. Si queremos endeudarnos con créditos en el extranjero, se puede seguir deteriorando el tipo de cambio y afectar nuestras exportaciones.
Reedificar exige a las empresas de la construcción un gran esfuerzo, y éste se debe hacer pagando los impuestos que todos pagan en Chile. En estos días hemos visto expresado el concepto de solidaridad, pero las donaciones realizadas tienen que ser tales, es decir, sin esperar nada a cambio. No es adecuado cuando un particular realiza una donación y luego parte de ella la  deduce de sus impuestos, porque en ese caso está donando dinero de todos los chilenos. Hay que evitar esta suerte de democracia censitaria: el que pone el dinero le dice al Estado que aporte otro tanto. La decisión de cómo se invierten los recursos públicos corresponde a todos los ciudadanos expresados a través del Parlamento.
Chile tendrá que competir en un mundo global, que en el futuro evaluará a los países por su emisión de gases de efecto invernadero. Una forma relevante para recudir estas emisiones es producir energía sin combustibles fósiles, como el carbón, petróleo o gas, y fomentar la energía renovable no convencional, como la energía eólica o solar. Por ello, si hay que construir cientos de miles de viviendas, ¿por qué no exigimos que todas tengan también su propio sistema de generación eléctrica solar o eólica, según el lugar de su emplazamiento? Es caro, se dirá, pero es mucho más barato si sólo tenemos que instalar las placas o aspas para producir electricidad, e inyectarla de inmediato a la red por el mismo cable con el cual recibimos energía de la compañía eléctrica. En ese caso no necesitaremos batería para acumular la electricidad generada, pues será la propia red eléctrica la que servirá de gran batería. Así es hoy en buena parte de los países de Europa o en el estado de California en Estados Unidos.
En definitiva, tenemos que avanzar para construir la unidad nacional en tres direcciones fundamentales: cuál es el Chile al que queremos llegar; cómo financiamos de una manera adecuada la reconstrucción y qué medidas concretas implementamos de inmediato. Debemos alcanzar decisiones que reflejen verdaderos consensos, donde la participación de todos es relevante, porque, sin duda, los desafíos planteados por el terremoto son un asunto de Estado, que supera al gobierno de turno. Para ello, es necesario el diálogo y la capacidad de aceptar los puntos de vista del otro.
El terremoto es una oportunidad para unirnos y dar un nuevo impulso al país que todos queremos. No fallemos ahora en esta gran tarea del Bicentenario.

09 marzo 2010

Chile: El Carácter de la reconstrucción – Jorge Marshall – El Mercurio online emol

blogs el mercurio, Jorge Marshall, 09/03/2010

El terremoto cambió drásticamente la agenda política del país. Los dramáticos eventos que vivimos generaron mucho temor y sufrimiento, pero también nos mostraron realidades que estaban en un segundo plano y que hicieron evidente la brecha que aún existe entre el país real y aquel que nos gustaría ver o que creíamos ser.

La sociedad se sintió incómoda con este crudo contraste, y ahora estará inclinada a impulsar cambios en muchas áreas. Esta brecha ocurre en un país que se ha transformado profundamente en los años recientes, creando altas expectativas de futuro en la población, la que ahora observará atentamente las iniciativas que impulsen las nuevas autoridades.

El desafío que enfrentamos es hacernos cargo de lo bueno y de lo malo, promoviendo las transformaciones necesarias. Lo que está en juego no es sólo la infraestructura dañada, sino también el carácter del país, porque las condiciones extremas nos conectan con el tejido que nos caracteriza como nación, donde se moldea nuestra convivencia y surgen los proyectos compartidos.

Como en pocas ocasiones, consolidar el progreso de varias décadas se juega en lo que hagamos en los próximos meses, porque los primeros pasos tendrán un gran impacto en el resultado de la reconstrucción. Sólo una mirada de futuro nos permitirá elevar los estándares con que funcionan los servicios públicos, incluyendo las edificaciones, los procedimientos en las emergencias, la planificación urbana, la preservación del patrimonio histórico, los aeropuertos, los hospitales, las carreteras y los sistemas de comunicaciones.

También debemos reflexionar sobre el funcionamiento de la sociedad, las normas de convivencia en los días posteriores y la reacción de las instituciones desde el primer momento. El desempeño que hemos mostrado en estas materias está por debajo del nivel que gran parte de la sociedad chilena aspira, por lo que la reconstrucción debe producir los cambios que se hicieron evidentes para dotar al país de una plataforma de organización social y de infraestructura pública que nos coloque en un nivel superior y que abra nuevas puertas en el camino al desarrollo.

Las tres condiciones para tener éxito en esta tarea son generar un acuerdo político amplio; organizar una gestión eficiente, y proporcionar un financiamiento sano. Estas tres materias están relacionadas entre sí, y en cada una de ellas se podrá observar el sello que las nuevas autoridades le darán a la reconstrucción.

Gran acuerdo político

En el ámbito político, una reconstrucción ambiciosa necesita movilizar a todos los sectores de la sociedad chilena, lo que requiere contar con un respaldo amplio, que en el actual escenario es principalmente una responsabilidad del nuevo gobierno.

El Presidente electo se ha reunido con representantes de todos los partidos políticos, encontrando una buena disposición a colaborar. Este es un buen comienzo para una relación que ya está en el centro de la atención de toda la población. Debemos cuidar que las urgencias de las primeras semanas no lleven a privilegiar los protagonismos personales que dañen los acuerdos amplios que se necesitarán en los próximos años. El segundo desafío del programa de reconstrucción está en la gestión. Dos aspectos indispensables son la coordinación interna del gobierno y la gestión de la extensa red de organizaciones locales y de la sociedad civil, que son relevantes para los resultados finales. La coordinación interna permite que el efecto de cada iniciativa sea superior al que tendría con una ejecución fragmentada.

Para lograr esta coordinación hay que distinguir cuatro funciones: (a) la responsabilidad política de liderar el programa, decidiendo y coordinando las iniciativas que se llevarán adelante; (b) la ejecución descentralizada de las iniciativas; (c) el monitoreo de los avances en el cumplimiento de las metas, incluyendo sistemas de información y de alerta cuando se detectan rezagos; y (d) asegurar la eficiencia del gasto y su adecuado financiamiento.

Por otra parte, en los desastres naturales se moviliza una amplia red de organizaciones que debe ser gestionada. En este sentido, la reconstrucción debe involucrar lo antes posible a la comunidad. La ciudadanía en su conjunto debe convertirse en protagonista de la reconstrucción para que los avances del país sean percibidos como el fruto del esfuerzo de todos. El nuevo gobierno debe definir el modo de canalizar los recursos necesarios hacia los proyectos de las organizaciones locales y de la sociedad civil, para hacer que la reconstrucción opere a través de una amplia red de organizaciones.

Cuánto nos cuesta

Por último, está la conducción económica de la reconstrucción. Las estimaciones más razonables del costo directo del terremoto están en un rango entre 5% y 10% del PIB. Una parte de esta cifra tiene seguros internacionales o será absorbida por el sector privado; el resto deberá ser financiado por el presupuesto público. Si se descuentan las reasignaciones de recursos desde otras prioridades, se concluye que los recursos públicos adicionales debieran estar en torno al 3% al 4% del PIB, lo que llevará a un déficit estructural transitorio de alrededor de 0,8% del PIB por los próximos cuatro años.

Este déficit se debe financiar con una combinación que incluye los fondos del cobre, que acumulan un 10% del PIB, o con deuda pública, que en la actualidad alcanza a un saludable 6% del PIB. Es decir, el panorama fiscal tiene suficientes holguras para enfrentar la reparación de los daños. Sin embargo, con objetivos más ambiciosos será necesario movilizar recursos adicionales, por lo que en este escenario fiscal no hay espacio para rebajas de impuestos. En síntesis, seguiremos viviendo en este territorio en que la naturaleza nos recuerda cada cierto tiempo toda su fuerza, lo que nos demanda construir una buena infraestructura y una robusta organización de la sociedad.

Presidente Expansiva UDP.